The Holy Innocents

February 3, 2020

 (Scroll down to read it in Spanish)

 

“Los Santos Inocentes” is a rare coincidence in the history of film where the adaptation of a literary masterpiece becomes another masterpiece in itself, something filmmaker Mario Camus succeeded in doing in the creation of a callous self-contained universe.

 

The film is a faithful adaptation of Miguel Delibes’ novel of the same title narrating the daily lives of a peasant family in 1960s rural Spain. The scripts cover the main themes in the novel such as the exploitation of the working class in the countryside, despotism and local rulers’ double standards, the aristocrats who own large rural areas on the border between Spain and Portugal, and the illiteracy and callousness of the lower classes in these rural areas, who embrace their status of serfdom fatalistically and without questioning. There are also secondary themes such as hunting (Delibes’ passion) and emigration to cities in hope for a better life.

 

The film premiered in 1984, during the first years of the so-called felipism, with the rise in of Felipe González who brought the Spanish Socialist Party to power. In those years the country had finished its transition from Franco´s regime and the film shocked the part of society still longing for the dictatorship, a part of society that felt that the film was biased, showing the living conditions of the working class in a past still too recent. Despite the fact that both the film and the novel avoid direct mentions of Franco´s dictatorship, in one of the film’s key scenes the three groups of people that morally legitimated the regime (the military, the aristocracy, and the clergy) share space in the manor house where a party is held to celebrate the first communion of the Duchess´ grandson. This scene overlaps with the servants’ parallel party as a direct allegory of the appalling class division that the country's transition inherited.

 

A simple but seamless script allowed the protagonists to achieve outstanding interpretations of their roles: Alfredo Landa and Francisco Rabal won Cannes Best Actor Award 1984 and Terele Pávez won the Fotogramas Silver Award the same year.

 

Praised as one of the greatest films in Spanish cinema, “Los Santos Inocentes” is an excellent film in which Hans Burman´s photography captures the chromatic beauty of central Spain, from the cold blue of dawn to still sunsets of pinky emptiness, highlighting the togetherness of mankind and nature, in opposition to the cruelty of the artificial world of social classes made by human beings.

 

In an age of globalization and savage capitalism, lost is the hope in a future in which the dynamics of power and domination between social classes can disappear, and the protest message of “·Los Santos Inocentes” is as current as in rural Spain in the 60s. Mario Camus´ speech to mark the 30th anniversary of the film is as relevant as ever: “Today the landlord is not in the manor house but in the bank. The same subordinate status, humiliation, subjugation: we have all of them nowadays. There is no government, but instead groups of corporations”

 

SPANISH

 

Los Santos Inocentes

 

“Los Santos Inocentes” es una de esas magistrales coincidencias de la historia del cine en donde la adaptación de una gran obra literaria se transforma, a su vez, en otra obra maestra donde el cineasta Mario Camus fue capaz de crear un universo visual propio tan realista como desolador.

 

Basada en la novela de Miguel Delibes, la película narra la vida de una familia de campesinos en la Extremadura rural de los años 60. El argumento recoge fielmente los temas principales de la novela como son la explotación de las clases campesinas en la España rural, el despotismo y la doble moral de la clase de los señoritos, aristócratas dueños de latifundios en la frontera entre España y Portugal, y el analfabetismo y embrutecimiento de las clases bajas en el medio rural, que aceptan su condición

de siervos de la gleba con fatalismo y resignación. También aparecen como temas secundarios la caza (gran pasión de Miguel Delibes) y la emigración al medio urbano como esperanza de una vida mejor.

 

El estreno de la película en 1984, en los primeros años del llamado felipismo, con la subida al poder del Partido Socialista de Felipe González, y cuando el país completaba su transición desde el régimen franquista, causó estupor en una buena parte de la sociedad, nostálgica aún del Franquismo, que creyó tergiversada la forma en que la película retrata las condiciones de vida de los campesinos en un pasado aún muy demasiado reciente. Pese a que tanto la película como el libro evita alusiones

directas a la dictadura franquista, en una de las escenas clave de la película -la comunión del nieto de la Marquesa- comparten espacio en la casa señorial los tres estamentos que legitimaron moralmente el franquismo: la aristocracia, el ejército y la iglesia; esta escena se superpone a la celebración paralela de los sirvientes como alegoría directa a la brutal división de clase sociales que heredó la España de la Transición.

 

Un guión sobrio y sin fisuras permite el lucimiento de los actores principales que lograron actuaciones magistrales: Alfredo Landa y Francisco Rabal compartieron premio a la mejor interpretación masculina en el Festival de Cannes en 1984, y Terele Pávez recibió el premio Fotogramas de Plata ese mismo año.

 

Considerada por numerosos críticos como una de las mejores películas del cine español, nos hallamos ante una película de excelente factura técnica donde la fotografía de Hans Burman es capaz de captar la belleza cromática de la luz de Castilla, con sus amaneceres de un azul helado y sus atardeceres de tonos rosáceos, realzando la comunión del ser humano con la naturaleza, en contraposición a la crueldad del mundo artificial de clases sociales creado por los seres humanos.

 

En la era de la globalización y el capitalismo salvaje, perdido el optimismo en un futuro en donde las relaciones de poder y dominación entre las distintas clases sociales puedan llegar a diluirse, el mensaje de denuncia de ¨Los Santos Inocentes¨ continúa tan vigente como en la España cortijera de los años 60. De hecho, las palabras de su director Mario Camus con motivo del 30 aniversario de la película, son hoy más relevantes que nunca: “El señorito de hoy no está en el cortijo, sino en el

banco. Esa misma subordinación, humillación, sometimiento, los tenemos nosotros hoy. No hay gobierno, sino una serie de corporaciones”.

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